Mi apá

Ya que se viene el día del padre, escribiré sobre el mío:

Mi papá es como el típico papá Homero Simpson, futbolero, cervecero, con un repertorio inacabable de dad-jokes, de los que te siguen por la casa apagando las luces que ya no estás usando (les juro que yo ahora hago lo mismo) Y tiene aproximadamente como quinientos amigos, les juro que cada vez que salíamos a algún lado, se encontraba con alguien, no estoy bromeando (iba a decir weando, pero mi papá todavía me reta si digo garabatos. Amigos, tengo 37 años y todavía me retan si digo “chucha”)

De chica no lo vi mucho, porque mi papá viajaba a todos lados y muchas veces eran viajes larguísimos, o se tenía que quedar a vivir por varios meses en otro país. De Holanda a China, mi papá ha estado en casi todo el mundo, lugar que le preguntas, él estuvo, conoce más países que una gira de Iron Maiden. Pero no esperes grandes guías de viaje a lo Anthony Bourdain; mi viejo podría estar en medio de Shanghai, e igual busca el McDonald’s más cercano, o de repente algún restaurant italiano. Así es mi papá. Poco aventurero, hombre de costumbres simples. Ni por apuesta lo haces comer sushi.

Lo veía poco, pero como yo era super mamona back then, no me afectó mucho, aunque una vez lloré cuando lo fuimos a dejar al aeropuerto. Pero siempre me gustaba cuando volvía, porque traía cosas raras en el bolso. Un día llegó con un Nintendo y fui como la segunda wna galla en el curso en tener uno, cuando nadie cachaba qué eran. Fui popular como por una semana.

Mi papá es incapaz de arreglar algo sin romperlo, o sin romper otra cosa. Una vez yo tenía una de esas muñecas no-barbies que les crecía el pelo, y una vez la colita que crecía al apretar un botón en la espalda se quedó atascada; mi papá trató de arreglarla y le terminó arrancando el mechón de cuajo. Mi muñeca quedó con la coronita pelá y así siguió por el resto de los tiempos. Si las muñecas pudieran tener vergüenza, yo creo que la no-Barbie se hubiera muerto.

Nunca fue de trabajos manuales, pero cachaba ene de matemáticas y me ayudaba a estudiar las fracciones. No sé qué me pasó que durante la básica las matemáticas eran como una ciencia misteriosa para mí y me iba como el dick, no me sabía ni las tablas de multiplicar, pero en la media igual hacía trigonometría. Misterios gozosos. Quizás al final sí saqué esa habilidad de mi papá, pero there’s no way to know, porque después estudié diseño y con cuea puedo sumar 2+2 en la cabeza. Como que me atrofié caleta. De verdad que uno bota lo que no necesita, y creo que igual hay cosas del colegio que resultaron inútiles, pero me estoy largando cuático por las ramas. Acá es donde mi papá me diría “ya, ¿y?” onda get to the point.

Como siempre tuve una imaginación hiperactiva, yo le contaba las weás cosas que pensaba de chica, y él escuchaba con paciencia y después me decía de alguna forma simpática que no me creía nada. Como que es de esos viejos que no entendían la imaginación en funcionamiento, sin embargo ama el cine. Ve películas hasta cuando no hay tele.
Cuando vivía en California, se aburría como acuario de almejas, entonces pasaba en el cine. Veía todo, pero TODO. Se metió hasta a la película de Lizzie McGuire, porque él no cachaba qué era. Eso no se debe haber visto para ná sospechoso en su momento.

También es el típico papá que lee, y devora novelas de Tom Clancy como si fueran pan con palta. Igual me da risa que he descubierto que demasiados papás leían las mismas novelas, es como su versión de las novelitas para señoras con portada de Fabio.

Mi apá tiene voluntad de hierro. Cuando yo era chica, fumaba como chimenea de Ventanas, y aún cada vez que veo un cartón de Kent, lo asocio con mi viejo. Un día estábamos de vacaciones en Pichidangui (yo tendría 10-12 años?) y estábamos weando pasándolo bien en la piscina. Hasta que se le acabaron los cigarros. Y dijo ‘qué lata ir a comprar. Ya. No fumo más’. Y les juro que desde ahí nunca volvió a tocar un cigarro. Y les estoy hablando de alguien que se mandaba tres cajetillas diarias.
Igual me identifiqué caleta con su pajerismo, porque una vez cuando yo vivía sola se me acabó la ropa limpia, y me dio lata lavar, así que fui a comprar más ropa.

También es re futbolero, era capaz de ver los partidos del canal de Dubai relatados en árabe, sin entender un pomo, pero si ve 11 weones deportistas corriendo detrás de una pelota, aunque sea pichanga de barrio, mi papá va a poner los cinco sentidos en eso. Yo podría decirle en ese momento “chau, me voy a peregrinar al Amazonas y a fumar mota en un muelle de Baltimore”, y él estaría como “hmmmm, buena”, mientras mueve el cuello como una grúa, porque le estás tapando la tele.
Podría venir una invasión extraterrestre de puros gallos iguales a Keanu Reeves, que traen gatitos bebés en los brazos mientras reparten manjar gratis, y mi papá pegado al partido. Trató de que alguna vez jugáramos a la pelota con él, pero fue como imposible. Entre la personalidad de mi hermana, y mi disgusto absoluto por cualquier actividad física, terminaba hiper picado.

Mi papá es re-picota, pero tiene corazón de awela. Se enoja ene por casi todo, pero después igual concede lo que querías. Es que le gusta tener su opinión. Y estoy segura que opina que este blog es otra pérdida más de tiempo, pero igual lo lee en secreto (?) También creo que esperaba una mejor vida para mí, pero yo no podría pedir otro papá. En serio, con uno basta.

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