Crisis Vocacional

Cuando yo era shica, nunca tuve claro qué quería hacer de grande. Por alguna razón pensé que al crecer, mágicamente la vocación vendría a mí y tendría super clarito a lo que dedicaría el resto de mi patética existencia. Como que en algún punto llegaría a una ‘cierta edad’ -onda el mágico cuarto medio que veíamos como básicamente gente adulta y resuelta-, y de un día para otro diría en mi cabeza tipo el gorrito de Hogwarts: CHEF. MÉDICO. VETERINARIO.

Nopo, nunca pasó esa weá. Así pasé mi infancia debatiendo entre cocinar -porque desde siempre me want food, pero pta, comer no es lo mismo que preparar-, amar a las mascotas y pensar en medicina veterinaria como por una semana, abogado porque mi vieja dijo que era wena pa discutir (nunca he sabido que ser respondón sea material fundamental para leyes, demostrando una vez más que la gente no tiene idea de ni una weá), médico porque mi profe de biología dijo.

Por mientras, yo siempre dibujé. Donde podía, dibujaba. Si me aburría, dibujaba. Si con mi hermana jugábamos algo bacán, había que plasmar la historia en dibujos feos. Rayé las paredes, hice diarios murales de dibujos. Me dijeron que en volá sería caricaturista. Ilustradora. Haría comics. Fue como en tono broma, porque mis viejos se recagaban de susto con que yo no tendría ni un éxito y pasaría hambre si me dedicaba a cualquier tipo de arte.

Así que en cuarto medio, después de una exposición de proyectos de título de libros ilustrados de la UVM, decidí ser diseñador gráfico. Porque era como la weá más símil a dibujar, pero con un da rial campo laboral (ajem…)

Mi viejo tuvo casi que un infarto al miocardio con la noticia, y me convenció de entrar a Arquitortura en la Católica. Eso hice. Y onda, lo HICE, y con rabia. Fue la única weá a la que postulé, en esa pura universidad, hice las pruebas de admisión con extra jugo, la entrevista, toda la weá. Entré como en el lugar 15 de un curso de 101 alumnos. La joven promesa.

Y me fue como el pico.

Odié cada segundo de esa infernal carrera donde no cachaba una, ni daba pie con bola, mientras me preguntaba qué chucha hacía ahí todos los días de mi vida. Lo pasé como el hoyo y me fue ídem. Trabajaba de sol a sol; recuerdo haber tenido como un solo día libre en los 4 meses que alcancé a aguantar, que sin duda se sintieron como 200.

Un día, tras una particularmente penca clase de matemáticas donde no entendí ni pico, me di cuenta que esta weá no era lo mío y que debía volver a mi plan original.

Me salí de la carrera, y dediqué los meses restantes del año a reponerme y seguir dibujando más weás. Me acuerdo que me hice amigui de muchas fanartists gringas (gente que hace fan art, po) con las cuales intercambiaba info, dibujos, tips. Todas éramos pésimas, pero el tema es que traté de enseriarme y empezar a ilustrar weás en vez de dibujos random en el cuaderno. Hasta tuve una página en geocities -soy vieja- donde posteaba mis weás. Empecé a pintar, y compraba materiales y papeles raros que malgastaba con mis pinturas de mierda que yo juraba de guata que eran decentes. Igual no buenas. Decentes. Siempre fui super realista.

Entré a diseño, y me fue bastante bien. Tuve unos traspiés entre medio (3 años de depresión, pretty much), pero salí airosa, saqué la carrera ql y llevo onda 10 años en agencias publicitarias??

Me gustaría decir que ése es el fin de la historia, que sigan sus sueños y toda esa weá del destino y la mierda new age tipo ‘Pili, hagamos yoga y comamos ensalada’, pero la weá es que no. Eso es solo el principio. La misma crisis vocacional que me persiguió toda la vida desde chica sigue ahí cada día. Y cada semana que pasa, más me doy cuenta de que no quiero seguir trabajando en esta weá.

No es que no me guste. El diseño si bien no me apasiona, pero me gusta suficiente como para hacerlo.

Captura de pantalla 2019-10-14 a las 10.08.47 a.m.

Lo que me pasa es que yo no soy un objeto permanente: siempre me he aburrido luego de las cosas, y de ahí quiero otra weá. Me obsesiono incluso a veces con algo, y después lo boto fácil. O me dedico a algo con pasión, y después es como ‘bueno, y qué otra weá nueva hay?’
Me aburro ENE de todas las cosas, y necesito cambios a cada rato.

Y ya me aburrí de diseñar, ya lo hice por ene tiempo, es hora de hacer otra cosa.
El otro factor, es que de a poco, volví a pintar. Partí pintando indecentemente. Pero después de que encontré pasión por el baseball y tomé un mentor que también pinta una disciplina deportiva, mis pinturas están por lo menos a nivel comprable. Onda los gringos me compran impresiones de mis mierdas de pintura y quieren que haga más. No sé si yo mejoré, o ellos no tienen estándares, la weá es que he vendido ene prints y poleras con mis mierdas. Y cada vez que pinto, si bien sufro un poco, la paso la raja y menos quiero volver a mi pega diaria de diseño. Cuando voy a la oficina, pienso en ‘cuánto iré a avanzar en mi pintura hoy?’, porque pinto a la hora de almuerzo, o post-pega.
Si fuera trabajo regular, me daría ene paja quedarme más allá de mi horario. Pero pa pintar, soy capaz de quedarme hasta las 9 de la noche laburando. Estoy embaladísima con eso.

Pero no se puede vivir del arte, al menos no aún. Y por mientras, soy solo un empleado de 9-a-6 con un sueño y una mini-crisis diaria.

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